Los primeros resonadores de 1,5T entraron en la práctica clínica a comienzos de los ochenta y se consolidaron como estándar a lo largo de la década siguiente. Treinta y cinco años después, en 2017, llegó el primer equipo de campo ultra alto con aprobación clínica, aunque limitado a cabeza y rodilla. El salto a cuerpo completo tardó todavía más. Recién ahora empiezan a instalarse los primeros sistemas de 5 Tesla capaces de escanear el cuerpo entero, casi ochenta años después de que se describiera por primera vez el fenómeno de resonancia magnética nuclear.
En el Hospital Universitario San Rafael de Madrid se encuentra un 5 teslas terminando su integración técnica. Es el primero de Europa: un Jupiter 5T de United Imaging incorporado por HT Médica. Completada esa fase, el equipo empieza a recibir pacientes de forma progresiva. La inauguración oficial de la Unidad de Ultra Alto Campo está prevista para fines de septiembre. Con eso, el diagnóstico por imágenes mueve un piso que llevaba cuatro décadas quieto.
Un campo considerablemente más potente que el de 3T se traduce en una relación señal-ruido mucho mayor, lo que habilita resolución submilimétrica y permite que estructuras que antes quedaban por debajo del umbral de detección empiecen a volverse visibles.
Todavía son pocos los estudios comparativos publicados, pero algunos ya dan una idea de lo que está en juego. En rodilla, una comparación con 1,5T y 3T mostró valor diagnóstico diferencial del 5T en lesiones articulares. En cerebro, un trabajo usó el 5T para segmentar subregiones del hipocampo, una tarea que hasta ahora chocaba con la disyuntiva entre cortes más finos y calidad de imagen, y encontró mejoras en la resolución de estructuras muy pequeñas. Y en próstata, una comparación biparamétrica entre 5T y 3T evaluó calidad de imagen, visualización de lesiones y artefactos, aunque el propio estudio aclara que el valor clínico todavía no está establecido. Son señales tempranas, ya que la mayoría de estos trabajos tiene uno o dos años, y todavía falta el volumen de evidencia que existe, por ejemplo, entre 1,5T y 3T.
Lo que sí parece repetirse, mirando la historia reciente de la resonancia magnética, es un patrón de adopción. Cada salto de potencia empezó acotado a una región del cuerpo o una especialidad, y solo con el tiempo, con el rediseño de bobinas y secuencias, se fue extendiendo a exploraciones de cuerpo completo. Es probable que el 5T recorra un camino parecido.
Ese recorrido, de tecnología de costo elevado y aplicación acotada hacia equipos más accesibles y de uso general, no es nuevo en imagenología. Antonio Luna lo resumió así hablando de otro salto tecnológico, la tomografía de conteo de fotones: hoy tiene un costo elevadísimo, pero calcula que en cinco o diez años va a empezar a bajar hacia equipos de gama más baja, el mismo camino que ya recorrieron el 1,5T y el 3T antes de volverse rutina. Si el 5T sigue esa curva, lo que hoy corre por unos pocos centros pioneros podría, en una década, ser apenas otra sigla más en el informe.