Analía Varela explica cómo la IA agiliza los estudios y mejora la experiencia del paciente

Escrito por Dr. Flavio Sánchez | Jul 29, 2026, 8:03:42 PM

La Dra. Analía Varela conoce bien el miedo que tienen los pacientes al momento de encontrarse con un resonador. Es especialista en imágenes de la mujer del Instituto Alexander Fleming, en Buenos Aires, institución dedicada mayormente a la atención de pacientes oncológicos.

Para ella, entender la tecnología con la que trabaja es una condición de posibilidad para el acompañamiento: "Así como para un clínico conocer el vademécum de un fármaco que va a prescribir es fundamental, para nosotros es fundamental conocer nuestras herramientas, saber cómo funcionan, para poder entender las limitaciones, las utilidades y cualquier situación que pueda derivarse de eso." Y ahí mismo, aparece la otra cara de esa responsabilidad: "Uno tiene que brindarle al paciente información, acompañarlo, evacuar todas las dudas para intentar que entre lo más tranquilo al equipo." Son dos frases que podrían pensarse por separado, una sobre tecnología y otra sobre trato humano. Para ella son complementarias, dos caminos hacia el mismo resultado.

La especialista cuenta que quedó fascinada con el resonador desde el primer día de residencia, y que esa fascinación se puso a prueba de una manera particular. Como jefa de residentes en un hospital público de provincia, le tocó poner en funcionamiento un resonador que llevaba tiempo parado, en plena pandemia, sin personal capacitado disponible para contratar. Lo hizo igual, y resolvió urgencias que de otro modo no hubieran tenido solución. De esa experiencia saca una conclusión que aplica a cualquier servicio: acompañar a los técnicos y explicarles qué se está buscando en cada estudio mejora la calidad de la atención.

La resonancia magnética suele ser uno de los estudios más largos dentro del diagnóstico por imágenes, y ahí es donde entran los algoritmos de aceleración basados en inteligencia artificial. Existen, según explica la Dra. Varela, dos grandes grupos. Unos vienen incorporados al resonador y actúan directamente sobre la información cruda de la secuencia, reduciendo el ruido y los artificios en tiempo real, con la ventaja de que la imagen se recibe procesada en el momento, con el paciente todavía dentro del equipo. Otros funcionan en la nube, adquiriendo la imagen, enviándola, procesándola afuera y devolviéndola mejorada, con un pequeño delay de un minuto o minuto y medio.

Cada uno rinde distinto según la secuencia, los del fabricante funcionan mejor con secuencias turbo espín eco y estudios osteoarticulares. Mientras que los de nube, con secuencias de gradiente y estudios de cuerpo. En su institución llegaron a combinar ambos, aprobados por la FDA para trabajar en sinergia. "La calidad de las imágenes es muy buena, son muy nítidas, y hemos tenido una muy buena experiencia incorporando esta herramienta", resume la especialista.

El beneficio para el paciente, muchas veces es indirecto pero real. Reducir el tiempo de exploración no elimina el movimiento, pero sí achica la ventana en la que puede producirse. Lo ejemplifica con un caso frecuente en su institución: pacientes con compromiso metastásico de columna, para quienes permanecer acostados es una prueba física que ni siquiera el rescate farmacológico logra sostener demasiado tiempo. "Si uno reduce el tiempo de exploración, reduce un montón el riesgo de que haya movimiento, y el paciente puede tolerar mejor el estudio", explica la Dra. Varela. Para los casos en que el movimiento ya ocurrió, sigue vigente otra herramienta, más antigua: secuencias con lectura multivectorial (sobre todo en T2) que compensan el movimiento involuntario, aunque aclara que, si el paciente logra quedarse quieto, prefiere las secuencias convencionales, más puras y con menos blurring en los márgenes.

Todo esto tiene, además, un efecto que rara vez se asocia con la inteligencia artificial: la disponibilidad de turnos. Según una encuesta que circula sobre expectativas de pacientes, un 90% valora conseguir un turno dentro de la misma semana en que lo solicita, y en un horario diurno. Al acortarse los estudios, la agenda gana margen. En un centro oncológico como el Fleming, donde muchos protocolos son específicos y difíciles de replicar en otras instituciones, esa disponibilidad no es un detalle administrativo. Una demora en el turno puede significar una demanda insatisfecha que termina afectando también al médico tratante.

¿Menos tiempo significa menos calidad? Es la pregunta que algunos pacientes se hacen, aunque casi nunca la digan en voz alta. La Dra. Varela responde con una distinción que le parece clave: la percepción del tiempo cambia según el contexto. En el consultorio, el paciente quiere quedarse, ser escuchado. Dentro del resonador, quiere salir. "Qué bueno, en un equipo de última tecnología, en 5 minutos me hicieron el estudio, no tuve que esperar, no hizo ruido", resume la reacción típica.

En su institución, la reducción real del tiempo de secuencia ronda el 25%, lejos del 40, 50 o 60% que a veces prometen los fabricantes —cifras que, aclara, suelen referirse solo al tiempo de adquisición de la secuencia, sin contar el proceso de acomodar al paciente y colocar la bobina. La diferencia también tiene que ver con las prioridades: "Nuestro equilibrio fue ese: tenemos estudios más rápidos y mejoramos la calidad de nuestros estudios." 

Lo que describe la Dra. Varela no se reduce a una lista de ventajas técnicas. Menos tiempo dentro del túnel es menos tiempo de ansiedad y menos tiempo de preguntarse si el ruido va a durar mucho más. Pero ese minuto y medio que gana el algoritmo no reemplaza al que se sienta a explicarle al paciente, antes de entrar, qué va a sentir ahí adentro. Ella lo resume: "mostrarnos pacientes y tranquilos es irreemplazable".