Con apenas cuatro horas de entrenamiento, una tripulación sin formación médica tomó la primera radiografía del espacio. Recién un año después, radiólogos independientes confirmaron que esas placas alcanzan calidad diagnóstica.
En abril de 2025, la primera radiografía tomada en el espacio fue de una mano con un anillo, homenaje a la placa que Wilhelm Röntgen le hizo a la mano de su esposa hace 130 años, la primera imagen de rayos X de la historia. Quince meses después, esa misma serie de placas —y el análisis que se hizo de ellas— se convirtió en la prueba de que un sistema portátil de rayos X puede operar en microgravedad con calidad diagnóstica.
Las dos escenas ocurrieron en un mismo vuelo: Fram2, la misión privada de SpaceX que en marzo de 2025 llevó a cuatro tripulantes sin formación médica a orbitar los polos terrestres durante tres días y medio a bordo de una cápsula Crew Dragon. Tres de ellos, con esas cuatro horas de entrenamiento previo, manejaron un generador inalámbrico pequeño para tomar radiografias de la mano, antebrazo, tórax, abdomen y pelvis.
El resto de la historia se conoció recién ahora: tres radiólogos independientes compararon esas placas con las tomadas antes del despegue, y los resultados se publicaron en la revista Radiology, la publicación oficial de la Sociedad Radiológica de Norteamérica (RSNA). El equipo utilizado fue un generador inalámbrico Impact Wireless, de MinXray, combinado con un detector de panel plano de KA Imaging, ambos con aprobación de la FDA y disponibles comercialmente. Cada imagen recibió un puntaje de 1 a 5 en calidad general, resolución espacial, resolución de contraste y posicionamiento, y las placas pre y en vuelo se compararon con la prueba de Wilcoxon.
A la izquierda se muestra una radiografía de la mano de un miembro de la tripulación del Fram2 tomada antes del vuelo, en el centro una radiografía tomada en órbita y a la derecha una radiografía tomada después del vuelo.
Foto: Sociedad Radiológica de Norteamérica (RSNA)
Ahí aparece el dato que más le importa a la especialidad. En calidad general, resolución espacial y resolución de contraste no hubo diferencias estadísticamente significativas entre la Tierra y la órbita. Lo que sí empeoró, y de forma significativa (p = 0,02), fue el posicionamiento en las tomas de tórax, abdomen y pelvis, algo esperable cuando no hay gravedad para apoyar al paciente ni referencias fijas para alinear el haz. Es, en definitiva, el mismo problema que enfrenta cualquier técnico con un equipo portátil en una guardia caótica o un operativo de campo, llevado a su versión extrema. Las imágenes, además, se transmitieron a una computadora de a bordo para su revisión inmediata por parte de la tripulación, un esquema que no es tan distinto al de cualquier servicio de teleradiología.
“Ha sido un sueño para la medicina aeroespacial contar con más de una modalidad de diagnóstico por imágenes para diagnosticar enfermedades y lesiones en el espacio. Los rayos X son rápidos, sencillos y tienen un gran valor diagnóstico”, señaló Sheyna Gifford, investigadora principal del estudio y profesora adjunta de Medicina Aeroespacial en Mayo Clinic.
La técnica exige personal entrenado y un medio físico para propagar las ondas de sonido, algo que la complica en un cuerpo que flota. Los rayos X, en cambio, funcionan incluso en el vacío. Sheyna Gifford, autora principal del estudio, planteó el argumento en términos prácticos, ya que los equipos portátiles actualmente se usan en escenarios de bajos recursos y sin personal médico especializado, desde eventos deportivos hasta zonas rurales, precisamente porque pueden alimentarse con energía solar y no requieren un operador experto.
El equipo, que sufrió daños superficiales durante el reingreso a la atmósfera pero mantuvo intactas sus funciones internas, despertó interés más allá de la medicina aeroespacial. Las empresas ya se encuentran desarrollando equipos más livianos y resistentes para integrarlos a un esquema de lectura remota, ya sea en órbita o en cualquier hospital que hoy no tiene un radiólogo cerca.