Una guía nacida en la Argentina se volvió el modelo de la región para frenar los estudios innecesarios

Escrito por Lic. Lautaro Sánchez | Jul 16, 2026 7:18:06 PM

Buena parte de los estudios por imágenes que se solicitan no cambia ninguna decisión clínica. Ese exceso ya se mide en miles de millones de dólares por año. La guía que buscó ponerle límites nació en la Argentina.

Un estudio por imágenes cumple su función cuando su resultado modifica una decisión clínica, por ejemplo, al orientar un diagnóstico o evitar un procedimiento innecesario. Buena parte de los que se solicitan no alcanza ese umbral. La Organización Mundial de la Salud estima que en el mundo se realizan más de 3.600 millones de estudios por imágenes al año, y una revisión sistemática global publicada en 2024 calculó que entre el 20 y el 50 por ciento son de bajo valor. No modifican la conducta médica ni benefician al paciente.

Rara vez se trata de un error. Quien solicita de más suele hacerlo por prudencia, y muchas veces por temor. Temor a pasar por alto un cuadro grave, o a enfrentar una demanda si algo sale mal. Ese reflejo de resguardarse se conoce como medicina defensiva, y es uno de los principales motores del sobreuso.

El costo del estudio de más

Ese exceso tiene un costo elevado. La misma revisión de 2024 fue la primera en medir ese gasto a escala mundial, y lo estimó en miles de millones de dólares por año. Un hallazgo resulta aún más relevante. Al aplicar medidas para reducir estudios innecesarios, como las radiografías de tórax previas a una cirugía o las de columna lumbar ante dolores de espalda comunes, los costos llegaron a reducirse hasta en un 95 por ciento, sin perjuicio para los pacientes.

En la práctica clínica persiste una premisa extendida: solicitar de más nunca perjudica. La evidencia sugiere lo contrario. En muchos casos, el estudio adicional no altera la conducta y agrega un costo que resulta necesario en otras áreas del sistema.

La misma lógica, en la Argentina

El caso local ilustra el mismo fenómeno. En 2024, la revista Evidencia publicó un estudio sobre el uso de la ecografía transvaginal en un hospital universitario privado del país. Buena parte de esas indicaciones carecía de una justificación clara. Los autores lo atribuyeron a la medicina defensiva y a la medicalización de la salud, sostenidas por una creencia difícil de rebatir: sumar siempre suma.

La respuesta que empezó en la Argentina

La región no partió de cero. Buena parte de lo que hoy utiliza surgió en la Argentina. El Organismo Internacional de Energía Atómica elaboró un manual regional para orientar qué estudios conviene solicitar y cuáles no, y lo construyó sobre la guía de la Sociedad Argentina de Radiología, que se convirtió así en la referencia regional en la materia. El criterio que ordena esa guía es sencillo. Un estudio con radiación se justifica cuando el beneficio para el paciente supera con claridad el riesgo. Es lo que se conoce como principio de justificación.

Para el médico, esa guía constituye un respaldo. Le brinda un criterio común para sostener la decisión de no solicitar cuando no resulta necesario, sin quedar expuesto. Toda solicitud debería poder responder una pregunta elemental. ¿Va a modificar el resultado una decisión clínica?

Recursos mal repartidos

En las grandes ciudades, los centros mejor equipados realizan miles de estudios que en muchos casos no cambian la conducta clínica. A pocas horas de distancia, en el interior, hay pacientes que esperan semanas por una imagen que sí necesitan. Los recursos del sistema no siempre escasean. Con frecuencia, están mal distribuidos.

El debate sobre cuándo solicitar un estudio y cuándo no es también un debate sobre recursos y sobre la equidad en el acceso. Cada estudio innecesario que se evita ahorra al paciente una exposición prescindible, y libera un recurso para quien todavía no accede a él.