A mediados de los 90, formarse como radiólogo implicaba estudiar con libros que llegaban con años de retraso y resolver dudas en la biblioteca del hospital. Hoy, cualquier residente tiene acceso inmediato a millones de publicaciones científicas.
La formación en radiología atraviesa una transformación profunda. Ya no alcanza con memorizar patologías ni acumular horas frente a imágenes. Los modelos actuales exigen algo más complejo: desarrollar pensamiento crítico, trabajar en equipo y tomar decisiones en contextos donde la información es abundante, pero no siempre clara.
En este escenario, herramientas como los sistemas PACS, los simuladores clínicos y las plataformas de inteligencia artificial dejan de ser solo tecnología y pasan a ser parte del proceso de aprendizaje. Practicar con estos entornos desde la formación permite adquirir habilidades que después se trasladan directamente a la práctica profesional.
En una especialidad que cambia constantemente, la formación no termina nunca y se vuelve parte del ejercicio profesional. Hoy existen múltiples formas de actualizarse más allá del esquema tradicional. Plataformas como Radiopaedia o los programas educativos de RSNA y ESR ofrecen casos clínicos, cursos y actualización permanente. A eso se suman los espacios de formación de sociedades científicas como la Sociedad Argentina de Radiología o el Colegio Interamericano de Radiología, junto con programas de subespecialización en instituciones como el Hospital Italiano de Buenos Aires o la Pontificia Universidad Católica de Chile. En la región, también crecen propuestas como Telerad, con su iniciativa de Teleducación, que acerca formación continua y casos clínicos a profesionales de distintos contextos.
Más que elegir un único camino, el desafío es construir una formación continua, combinando práctica, actualización y nuevas herramientas.
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