El 8 de agosto de 2023, un día después de fracturarse el peroné y luxarse el tobillo en un amistoso, Giuliano Simeone escribió en un grupo de WhatsApp: "el próximo Mundial voy a jugarlo". Casi tres años después fue titular frente a Jordania, en su primer partido en una Copa del Mundo. Y ayer hizo historia con la Selección Argentina en el triunfo a Inglaterra en una semifinal para el infarto. Entre ese mensaje y este Mundial hubo una cirugía que el parte del club detalló con precisión de informe, una osteosíntesis de peroné con reconstrucción de la sindesmosis, y meses de rehabilitación. Hubo también lo que las crónicas no nombran: los estudios de imagen que le fueron poniendo fecha al regreso.
Giovani Lo Celso conoce esa espera desde otro lado. El 30 de octubre de 2022, a semanas de Qatar, sufrió un desprendimiento del bíceps femoral que terminó en cirugía y lo dejó afuera de la lista final de Scaloni. Recién en este Mundial jugó su primer partido en una Copa del Mundo, casi cuatro años después de haber sido convocado por primera vez. Dos recorridos distintos, un mismo denominador: en algún punto del camino, una imagen, una RM o una radiografía de control, fue la que dijo cuánto faltaba todavía.
Ese rol no es menor ni es solitario. El radiólogo que ve la lesión no define el retorno solo: lo hace en diálogo con el traumatólogo y el médico del deporte, con el kinesiólogo marcando el día a día. La imagen confirma el diagnóstico y mide la gravedad. De esa medición salen los tiempos, los que evitan forzar una vuelta anticipada o indicar una cirugía que quizás no hacía falta.
Este mismo Mundial lo confirma casi a diario. Un cruce entre Canadá y Qatar dejo a Ismaïl Koné con una fractura de tibia y peroné que definió su baja inmediata. Jordan Henderson quedó en duda tras un golpe en el brazo y esperó estudios de imagen para saber si seguía en el torneo. Lennart Karl, la joven figura alemana, salió de un entrenamiento y una resonancia fue la que empezó a despejar si se trataba de una lesión muscular menor o algo más serio.
En los tres casos, antes de cualquier anuncio oficial, hubo una imagen. No todas las lesiones llegan con una patada: muchas empiezan antes, como sobrecarga, ese dolor que se banaliza porque todavía se puede seguir jugando igual.
Antes del golpe, gran parte de las lesiones complejas arranca como sobrecarga, ese dolor que se banaliza porque todavía se puede seguir jugando igual. La ecografía, por su carácter dinámico, permite seguir esa zona en el tiempo y notar cambios en el tejido antes de que se rompa. La resonancia, en fases tempranas, puede mostrar edema o alteraciones que todavía no son una lesión franca: un estudio sobre los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 encontró que, de los atletas con lesiones óseas de sobrecarga detectadas por imagen, siete de cada diez ya tenían síntomas antes de llegar a la Villa Olímpica, lo que refuerza el valor de una RM temprana. Lejos de ser una predicción infundada, es una posibilidad de llegar a tiempo que antes no existía. Una ventana que se abre frente a los avances tecnológicos y que le permite al radiólogo informar estos cambios aún imperceptibles, o insuficientes todavía para tomar decisiones. Estas instancias no siempre implican frenar del todo, sobre todo en medio de un Mundial, sino que habilitan alternativas como ajustar la carga, cambiar el entrenamiento, encontrar la manera de sostener al jugador sin dejar que esa sobrecarga se convierta en algo peor.
Simeone cumplió una promesa que escribió desde una cama de hospital y Lo Celso esperó ocho años entre su primera lista y su primer partido . Sin dudas, los dos pusieron su voluntad al servicio de su recuperación. Pero antes de eso hubo alguien que, en algún momento, supo leer bien una imagen y decir cuándo era seguro decir que sí.


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